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¡Oh Dios!

Desde que el tiempo es tiempo y el ser humano hizo uso de razón, se ha planteado 2 preguntas fundamentales:

  1. La pregunta del Ser, intentando determinar por supuesto qué es el ser y la sustancia del mismo con mil y un otras modalidades que no son el tema de este escrito.
  2. El motivo de este escrito… La existencia de Dios.

Tan es así, que a lo largo de la historia han existido una gran cantidad de dioses, a los que el ser humano rendía y rinde reverencia, devoción e incluso, hasta la actualidad, sumisión.
No es inusual desde un punto de vista histórico, que el ser humano tenga la imperiosa necesidad de creer, de tener un Dios o deidad que de sentido a nuestras necesidades espirituales, que nos de paz cuando no la tenemos, esperanza en los momentos aciagos y por supuesto seamos premiados por nuestras buenas obras.

Sin importar los tiempos o épocas, las divisiones geográficas y los aspectos psico-demográficos (Es decir: la clase económica, social, estilo de la vida, personalidad, gustos o disgustos etc.) una gran parte de la población mundial cree en un Ser Superior, que nos ofrece guía, consuelo, y protección en los peores momentos, nos librará del mal y al final de nuestras vidas, daremos cuenta de nuestras acciones y seremos premiados o castigados.
En la admisión de Dios como sustancia infinita, se plantea el problema de la demostración de su existencia, presentándose diferentes pruebas en diversos momentos históricos, pasando por el argumento ontológico de San Anselmo, a las 5 vías tomistas formuladas en la “Suma Teológica” de Santo Tomás de Aquino. Pero como todo, existe una contraparte que refuta tales pruebas, mismas que podemos encontrar en la obra de Marx quien alegaba que la existencia de Dios era un engaño para justificar el dominio de las clases sociales superiores sobre las inferiores, Feuerbach quien afirmaba que Dios no es sino una proyección del hombre, por lo cual, el hombre es Dios o Nietzsche en “La gaya ciencia” (Die fröhliche Wissenschaft) y “Así hablo Zarathustra” (Also sprach Zarathustra) con su famosa muerte de Dios.

Pero, regresemos al contexto original… ¿Existe Dios?

Uno de los científicos más respetados en la actualidad dice haber encontrado evidencia de que la acción de una fuerza “lo gobierna todo”. Ese es el físico teórico Michio Kaku considerado uno de los científicos más respetado y más importantes de la actualidad. Graduado de Harvard como el mejor alumno de física, con el grado “cum laude” en 1968, pasando después por el Lawrence Berkeley National Laboratory en la Universidad de Berkeley donde recibió el doctorado en Física, para después pasar por la Universidad de Princeton, autor de múltiples obras y profesor en el City College of New York. Sin lugar a dudas, un hombre con un currículo impresionante.

Kaku es uno de los creadores y desarrolladores de la “Teoría de Cuerdas” y afirma haber creado una hipótesis que puede apuntar a la existencia de Dios. Dicha información ha instituido una gran conmoción en la comunidad científica.

Para llegar a sus conclusiones, el físico hizo uso de un “semi-radio primitivo de táquiones” que son partículas teóricas capaces de “despegar” la materia del universo o el contacto de vacío con ella, dejando así todo libre de las influencias del universo que les rodea.
Aunque la tecnología para llegar a las verdaderas partículas de taquiones aún está lejos de ser una realidad, el semi-radio tiene algunas propiedades de estas partículas teóricas, que son capaces de crear el efecto de los verdaderos taquiones en una escala subatómica.
En palabras de Michio Kaku:

“He llegado a la conclusión de que estamos en un mundo hecho por reglas creadas por una inteligencia, más compleja e impensable. Analizando el comportamiento de la materia a escala subatómica. Créeme, todo lo que llamamos casualidad hoy no tendrá más sentido. Para mí está claro que estamos en un plano regido, por reglas creadas y no determinadas por azares universales”.

Sin mayor objetivo que poner en contexto lo dicho por Kaku, analicemos el sentir general de la humanidad.

De acuerdo a WIN/Gallup International empresa de consultoría estadounidense basada en investigación y famosa por sus encuestas de opinión pública, según su último estudio internacional “GLOBAL INDEX OF RELIGIOSITY AND ATHEISM” en 2012 muestreado estadísticamente en 57 países y con un margen de error de +/- 5.3% y un nivel de confianza de 95% arrojó como resultado que, solo el 13% de la población se identifica como atea (que no cree en la existencia de un dios) un 23% se considera creyente pero no religiosa y el 64% restante profesa una religión.

Según el United States Census Bureau y su reloj de población que puede ser visto en: http://www.census.gov/popclock/ indica, números más o menos que somos 7,214,281,700 de habitantes en el mundo. ¿Es esa cantidad de personas suficiente para preguntarnos por qué creemos en Dios?

Conforme hemos avanzado en la vía del conocimiento, hemos comprendido que ni el sol ni la luna son dioses, y gracias al conocimiento, hemos entendido que la tierra no es plana y que al final del horizonte no hay un gran abismo habitado por seres mitológicos. De igual forma, desechamos la teoría geocéntrica (El mundo no es el centro del universo) y hemos avanzado notablemente en cientos de miles de nuevos descubrimientos en el campo de la ciencia. Sin embargo, hay algo que no tiene avance y la humanidad se encuentra estancada, inmóvil como lo pudo estar hace cien o dos mil catorce años… No hemos avanzado con relación a la tolerancia religiosa y mares de sangre han sido derramados “en nombre de Dios”.

Ejemplos y momentos hay miles… Ya sea en Medio Oriente, África, Europa, América o Asia. No importa si ha sido por el Budismo, Taoísmo, Shinto o Catolicismo ni en épocas como la Edad Media con Las Cruzadas o en la conquista de América imponiendo a los nativos vencidos, como a los esclavos traídos de África el Catolicismo.

Hoy, en pleno siglo XXI leemos, escuchamos y lo que es peor, encontramos, fundamentalistas religiosos que aún interpretan sus “sagradas escrituras” a modo, y lo mismo encontramos a católicos intolerantes que condenan el protestantismo como a grupos cristianos que se escudan en su religión para atacar a los judíos bajo la antigua y falsa premisa que ellos “mataron” a Cristo, habiendo por igual judíos intolerantes a los musulmanes, que a su vez, en su ala radical han declarado una “Guerra Santa para defender y propagar el Islam con la fuerza si es necesario”… y como el círculo que no tiene principio ni final, regresamos al punto de partida y volvemos a empezar.

En la mayoría de las historias de los dioses, sean estas provenientes de Mesopotamia, Egipto, China, India, Los Andes Centrales, Norte Chico o Mesoamérica, así como en la tradición Judeo-Cristiana y Musulmana, existe un factor en común. Las deidades vinieron a la tierra y luego se fueron. Algunos sin dejar rastro, ni dar explicaciones de a donde regresaban, pero sí con una promesa… la promesa de que un día regresarían.
Habrá que preguntarnos… si regresan ¿Qué pensarán de nosotros?

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