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Tres rocas de hielo, dos dedos de “Jack” y un chorrito de agua

Tres rocas de hielo, dos dedos de “Jack” y un chorrito de agua.

Mientras con la mano derecha, suavemente sujetaba su vaso “old fashioned”, desde abajo, con una servilleta preferiblemente de lino, lo dejaba reposar ya que no le gustaba beber inmediatamente después de vertido. Gozaba hacerlo respirar durante un rato, no mucho, pero si lo suficiente para que los sabores se mezclen correctamente. En la otra mano, un humeante cigarrillo Camel sin filtro y frente a él, un micrófono Neumann U47 al que hacía el amor con cada nota cantada.

En el salón, todo un silencio inquieto, en la oscuridad un público espera impaciente mientras los reflectores apuntan al escenario.

Puedo ver la escena en mi mente, respirar el ambiente, paladear el sabor del Jack Daniel´s servido a su gusto, el olor de ese cigarrillo y como se rompe súbitamente el silencio con los primeros acordes de la sección de viento y percusión que anuncian la entrada de la voz… no cualquier voz…

-¡LA VOZ!- El Presidente del Consejo, El viejo de los Ojos Azules… Frank Sinatra.

Amo la música de Frank porque aún en la tristeza o melancolía de sus canciones, siempre canta que nunca hay que renunciar, que siempre hay motivos de por qué vivir.
Su música ha traspasado géneros musicales, fronteras, lenguajes, generaciones y sigue tan vigente como cuando en vida.

Cuenta la historia que Robert Bisaccia, también conocido como Bobby Cabert, amigo de la infancia de Joe Pesci y de quien se inspiró para su rol en la película “Goodfellas” de joven había sido un excelente boxeador, antes de integrarse a la mafia, donde escaló hasta la importante posición de capo de la familia Gambino.

Bobby fue apresado y cumplía una sentencia “de por vida” por homicidio en primer grado y sin embargo, daba la batalla legal como si fuera la primera vez, como si ese fuese su primer día en prisión, como si hubiese esperanza. Cada vez que Bisaccia se sentía triste o desanimado, recurría a la música de Frank para levantar el ánimo y de nuevo prepararse para dar la batalla. Su frase favorita era:

-“Cuando la campana suena, más vale salir a dar la pelea.”

Robert Bisaccia alias Bobby Cabert murió en prisión pero nunca, nunca, nunca, dejó de dar la pelea, nunca, nunca, nunca se rindió y nunca dejó de escuchar a Frank.

Tres rocas de hielo, dos dedos de “Jack” con un chorrito de agua y lo dejo reposar y respirar durante un rato, no mucho, pero si el suficiente para que los sabores se mezclen correctamente, mientras de mi viejo tocadiscos, se rompe súbitamente el silencio con los primeros acordes de la sección de viento y percusión que anuncian la entrada de la voz… no cualquier voz -¡LA VOZ!- El Presidente del Consejo, El viejo de los Ojos Azules… Frank Sinatra.

Mientras disfruto de ambos, como Bisaccia, me digo a mi mismo:

-“Cuando la campana suena, más vale salir a dar la pelea.”

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